Desde que tengo uso de razón, la música ha sido uno de los elementos indispensables de mi vida. En muchas ocasiones, conocí el mundo, así como mi realidad, a partir de ésta. Esta bitácora pretende ser un tributo a aquellas canciones, melodías, intérpretes... que me han acompañado durante mi estancia fugaz en este planeta.

sábado, 2 de febrero de 2013

Чи-Ли: Chi-Li, el grupo ruso “Chile”.


Чи-Ли: Chi-Li, el grupo ruso “Chile”.







El descubrimiento

Una tarde en la habitación del hotel, tras regresar de pasear por la ciudad de San Petersburgo, prendí el televisor y con el control remoto recorrí las diferentes señales que se transmitían. Finalmente sintonicé un canal de música: Russian Music Box, “Caja de música rusa”.

Mientras recargaba las baterías de las cámaras y preparaba la ropa que vestiría el día siguiente, escuchaba las canciones sin prestarle atención a los videoclips.

El ritmo de una en particular, además de la presencia de una atractiva y esbelta pelirroja, captaron mi atención.

Cuando el vidéo —ésta es la pronunciación que se le da en México a la palabra, y no vídeo, como en España— estaba por terminar, me senté en la cama para disfrutarlo con detenimiento, así como para tratar de anotar el grupo o el nombre de la “rola” —como se le denomina coloquialmente en mi país a las canciones— que se ofrecían al final. (Dije tratar porque los títulos estaban en cirílico, y si bien ya me había familiarizado un poco, debido a que en Moscú tuve prácticamente que descifrar los nombres de las estaciones del metro, aún no dominaba el alfabeto.) Así, escribí en la parte final de mi diario de viaje lo que alcancé a ver: “Чи-Ли.”

Tiempo después, ya en casa, investigué en la red y me enteré de que aquella canción se intitulaba Любовь это яд, “El amor es veneno”, y Chi-Li, “Chile”, el grupo que la interpretaba.


El encuentro






El grupo nació en el año de 2005 aunque Irina, la vocalista, señala que la fecha oficial es el 18 de septiembre de 2006, día en que presentaron su primer álbum, “Crimen” —que también puede traducirse por “Delito”—, en el centro nocturno “La oficina”, aunque ya habían tenido una presentación previa.

Antes de llamarse definitivamente “Chile”, el proyecto tuvo otros nombres: Стереосны, “Stereosny”, Скрим, Scream: Grito y Рио, Rio.

El origen del nombre se relaciona con la cantante y su infancia. Para no enfrentarla con la realidad, su madre inventó una historia donde el padre de Irina —a quien no conoció y murió en Chelyabinsk— era un guerrillero chileno. Así, ella se enorgullecía de que su padre fuera un revolucionario. Esto le granjeó el sobrenombre de “chile”, entre sus conocidos.

Irina y Serguéi se conocieron casualmente mientras éste ofrecía un concierto. Según la anécdota, ella no cantaba ni componía cuando se acercó a tocar los pantalones de piel que tanta curiosidad le causaron y que aquél estrenaba para la presentación. Después de esto, el líder de la banda escuchó su voz y la invitó a participar como corista.   

El grupo, originario de Kaliningrado, una ciudad más cercana a Europa que a Rusia, hizo un primer intento de triunfar en Moscú, pero no recibió la atención de las radiodifusoras ni de los sellos discográficos, por lo que regresó a casa.

Recibieron una invitación para tocar en Polonia, y ahí Serguéi decidió convertir a Irina en la voz principal, lo que propició su éxito y los inspiró para acometer un segundo intento en la capital rusa, donde el productor Yaznur Garipov les grabó su primer disco.

El sencillo inicial, Преступление, “Crimen”, fue transmitido por la Radio rusa, Русское радио, y esto generó que las radios de otros países donde se habla ruso —como Ucrania y Bielorrusia— también la difundieran.

El caso de la agrupación es muy especial, debido a que a pesar de no realizar presentaciones ni participar de los programas televisivos, empezaron a ganar popularidad entre los radioescuchas.

En 2006 alcanzaron su mejor posición en las listas rusas de popularidad con Лето, “Verano”.

Chi-Li ha colaborado en un par de canciones con el actor, cantante, productor y guionista ucranio-ruso, Gosha Kutsenko: Сказки, “Cuentos” (2008) y Я хочу побить посуду, “Quiero romper los platos” (2011); y en otra con The Grimm Brothers, “Los hermanos Grimm”: Ира, Ира, “Ira, ira”.

Su discografía comprende: Преступление, “Crimen” (2006), Лето. Преступление, “Verano. Crimen”, (2007) (Bonus Album), Сделано в Чили, “Hecho en Chile” (2008), Время петь!, “¡Es hora de cantar!” (2010).

Sus integrantes son Irina Sabiyaka (vocalista, letrista y compositora), Sergei Karpov (productor, letrista, compositor y arreglista), Mikhail Kalinin (guitarrista), Ivan Novikov (tecladista), Maxim Komarov (baterista), Anton Pivtsov (bajista) y Svetlana Polyakova (bailarina). Ninguno de sus miembros conoce Chile.

Su página oficial es http://www.chi-li.ru/ y su cuenta de Facebook: http://www.facebook.com/Chili.offgroup. Ambas en ruso.


El fenómeno Irina






Irina Alexeieva Sabiyaka nació en 1982 en Kirovogrado, Ucrania, pero se crió en la ciudad portuaria de Kaliningrado.

Mide un metro con setenta y cuatro centímetros y luce una profusa cabellera roja —que si bien no es su color natural, es uno de los elementos que la distinguen.

Además de practicar kickboxing, gusta de los gatos —así lo atestiguan, кошка “Gato”, y Созвездие кошки, “La constelación del gato”—, coleccionar instrumentos musicales, y la lectura de autores como Anne Rice, Stephen King, Dan Simmons y Dean Koontz.

Su tesitura de contralto (grave) es un registro inusitado en la música pop. Esta particularidad fue explotada por los promotores en los inicios del grupo, pues en su primer videoclip, correspondiente al tema Новый год в постели, “Año nuevo en la cama”, no se precisaba —en tanto “aclarar” y no “necesitar” como se emplea este verbo en Sudamérica— quién cantaba.

Se corrieron rumores tan diversos como ridículos que sugerían que la vocalista era un travesti que ocultaba su voz masculina con un disfraz de mujer o que simplemente simulaba cantar mientras una hombre cantaba tras el escenario.

En julio de 2007 Irina posó desnuda para la edición rusa de la revista Playboy. Destaca una fotografía en que aparece de frente y lleva el dedo índice de su mano derecha a la boca, haciendo el ademán de silencio, con el que acallaba las difamaciones que había recibido.

En el 2013 dio a luz a su primer hijo, Mateo.






Sus canciones

El prestigiado crítico musical, Nikolái Fandeyev, escribió que “le había sorprendido mucho la banda debido a que su repertorio era terrible”, si bien elogió a la cantante señalando que disponía de “voz reconocible”, además de “una buena apariencia”.

Rechazo tajantemente su opinión. Primero porque he escuchado gran parte de las canciones de Chi-Li, y me ha sorprendido sobremanera la riquísima variedad de sonidos e influencias —y la inexplicable falta de elementos identificables fácilmente que vinculen su manifestación con la Madre Rusia, salvo el idioma.

Y segundo porque una propuesta que no es genuina jamás habría trascendido su propio medio para seducir y fascinar a un melómano perteneciente a una tradición tan lejana como la mexicana.

Desde mi punto de vista, Chi-Li ha asimilado las expresiones musicales tradicionales de otras culturas, pero al mismo tiempo las ha combinado con géneros actuales, reinventándolas hasta el punto de desconcertar con la experimentación de sonidos e instrumentos, y su posterior inserción en la melodía —como en Маки, “Amapolas”, donde se evocan las tradiciones uruguaya y argentina, gracias a la participación incidental de instrumentos como el piano y el acordeón; el ritmo conductor y los coros en Можно всё son indios; y ¡la guitarra clásica enmarcando los tarareos en Омут, algo así como “Remolino”!—, siempre con un estilo lúdico —esto merced al talento de Karpov— y cuyo ejemplo más claro acaso sea Любовь это яд, “El amor es veneno”, la canción con la que los conocí.

En Старый лес, “Bosque antiguo”, la introducción se presenta grandilocuente y de pronto hay una pausa, un cambio de cadencia que rompe con la seriedad —este rompimiento es un rasgo que he percibido frecuentemente en la música contemporánea rusa, que también dispone de los más maravillosos puentes musicales que he escuchado.

De igual modo, Сердце, “Corazón”, que se filmó en los Emiratos, bien podría ser el tema de fondo de un videojuego —al menos así me pareció cuando lo descubría las primeras veces que lo escuchaba.

Las baladas son parte fundamental de su repertorio, tal como lo demuestran А может быть, “Quizá”, Обещаю, “Lo prometo”, Странная любовь, “Amor extraño” y Она сама по себе, en las que  se percibe la “influencia” de grupos como el dueto sueco de los ochentas Roxette, ya en los coros de Земля и небо, “La tierra y el cielo”, ya en el sintetizador de la referida “Amor extraño”. (La paradoja estriba en que debido a las condiciones de censura de la URSS, la música occidental no se comercializaba y se conocía muy poco, de modo que era introducida subrepticiamente en el territorio.)

Лето, “Verano”, Ромашковое поле, “Campo de manzanilla”, Орэ-Орэ, “Ore, ore”, Океан, “Océano”, son temas que disfruto por su vivacidad.

“Nubes”, Облака —que fonéticamente suena “ablaká”—, es mi canción rusa favorita y seguramente una de las diez que conozco.

Aunque el video está muy lejos de la música —me atrevo a decir que es de los peores que he visto— el acompañamiento del sintetizador y el bajo, combinados con la batería, alcanzan su perfección del minuto con cuarenta a los dos minutos: veinte segundos de éxtasis.






Sus videoclips

Nota:

El problema que encuentro en ofrecer videos musicales es que el sonido pierde prestancia en detrimento de la imagen. Estas canciones las conocí y aprendí a hacerlas mías a partir del oído —escuchándolas una y otra vez en mi reproductor portátil. Por tanto, quisiera recomendarles que antes de “verlas”, las “escuchen”. Disfrútenlas.






Облака (Nubes)





Любовь это яд (El amor es veneno)





Сердце (Corazón)





Лето (Verano)



Маки (Amapolas) 





Омут (Remolino)





Можно всё





Новый год в постели (Año nuevo en la cama)





Ромашковое поле (Campo de manzanilla)





Орэ-Орэ (Ore, ore)




domingo, 20 de mayo de 2012

Enya: una historia musical de “casualidad predestinada”... con comerciales incluidos.


Aclaración: La mayor parte de los vídeos empleados en esta entrada pertenecen a WMG.



Para Mauricio Montes.







El conocimiento del desconocimiento.

La primera vez que escuché a Enya no sabía que escuchaba a Enya.

A inicios de la década de los noventas, en México se transmitió un anuncio comercial del whisky escocés, Chivas Regal, donde se empleaba como música incidental un tema de la cantante irlandesa conocida como Enya.






Dicha canción captó mi atención, y me pareció enigmática. Sin embargo, no supe cómo se llamaba.

(Hago una pequeña digresión, a partir de una idea que surgió al escribir estas palabras.

Hace algunos años —veinte para ser más preciso— no se disponía de internet para satisfacer cuantas dudas surgían. Había que acudir a los libros, a los padres..., y muchas veces éstos eran incapaces de dilucidarlas.

Yo nací en 1981, y por tanto, pertenezco a una generación transitoria: de enlace entre las “viejas” y las “nuevas” generaciones.

Como lo señalé en la presentación de esta bitácora, yo escuché música en discos de vinil, “caséts” —casetes o cintas magnetofónicas, como se les conoce en otros lugares—, y discos compactos: en radiograbadoras y en el estéreo del automóvil; y actualmente lo hago en la computadora —tanto en la red como en mi audioteca personal—, en un reproductor de mp3...

Aún pongo en tela de juicio si se pueden denominar “avances”. Lo cierto es que en el último lapso, los “cambios” en aspectos como la tecnología, han sido radicales y vehementes, a tal grado de que muchas personas no las pueden ni quieren asimilar.)

Así, el comercial dejó de transmitirse, y yo me olvidé de la canción durante años.


Los orígenes.

Eithne Patricia Ní Bhraonáín —o Enya Brennan, en su forma adaptada al inglés— nació en el seno de una familia de músicos el 17 de mayo de 1961 en Gweedore —Gaoth Dobhair en gaélico—, condado de Donegal, Irlanda.

Cursó estudios de música clásica y piano.






En 1968, sus hermanos Pól y Ciarán, su hermana Máire —también conocida como Moya (Brennan)— y sus tíos gemelos Noel y Padraig Duggan formaron una banda que llamaron An Clann As Dobhar, “La familia de Gweedore”, que se renombró Clannad en 1970.






Así, Enya comenzó su carrera en 1980, participando de éste, tocando los teclados.

Su presencia más notable se identifica en Fuaim que data de 1982.


La “trinidad”.






Nicky Ryan era el mánager y productor del grupo; sin embargo las dificultades personales con Ciarán, el hermano de Enya, lo llevaron a abandonar su puesto.

Por la diferencia de edades respecto de los otros integrantes, y el rol secundario que desempeñaba, Eithne decidió separarse también.

Al referirse a Enya quizá haya que hablar de una prolífica “trinidad”, constituida desde 1982 por la cantante, ejecutante y compositora Eithne, el productor y arreglista Nicky y la letrista Roma, esposa del anterior, como lo señaló el editor de Hot Press, Niall Stokes en octubre de 2009.


El reencuentro de dos desconocidos.

Acompañaba a mis padres en sus actividades de fin de semana. Concurrimos en la tienda departamental Liverpool, ubicada en el Centro Comercial Perisur. En el departamento de música, sonó Orinoco Flow, “La corriente del Orinoco” —¡la misma que había escuchado años atrás en aquel comercial!—, y me desquicié.






Como si sintiera que era la última oportunidad de saber cómo se llamaba esa canción y quién la interpretaba, les supliqué a mis progenitores que me compraran el disco compacto, y accedieron.


Paint the Sky with Stars: The Best of Enya.






Finalmente disipé mis dudas. Se trataba del álbum “Pintar el cielo con estrellas: lo mejor de Enya”, una compilación de éxitos complementada por dos temas inéditos que fue lanzada el 11 de noviembre de 1997, bajo el sello de Warner Music.







Para entonces la cantante había participado de la banda sonora de The Frog Prince (1985), “El príncipe sapo”, así como compuesto y grabado la música para el documental The Celts, “Los celtas”, de la BBC, de donde se derivó su primer álbum denominado Enya de 1987, el cual sería reeditado en 1992.






Watermark (1988), “Filigrana, Marca de agua”, la segunda producción de la cantante como solista, la dio a conocer internacionalmente, gracias a temas como Orinoco Flow y Storms In Africa.





Posteriormente vinieron Shepherd Moons (1991), “Lunas pastoras”, y The Memory of Trees (1995), “La memoria de los árboles”, así como algunos sencillos.





Paint the Sky with Stars fue uno de mis primeros discos favoritos: lo escuchaba incesantemente hasta que memoricé las canciones. Incluso hoy cuando lo reproduzco, me estremezco y “con-fluyen” en mí un sinfín de sensaciones.


Orinoco Flow.

“El flujo del Orinoco”, a menudo conocida como Sail Away, debido a la frase que se repite frecuentemente en el coro, es el mayor éxito de la cantante. Se dio a conocer como el primer sencillo de su segundo disco, Watermark.

Contrario a lo que se piense, debe su título al lugar en que fue grabado: los Orinoco Studios, “Estudios Orinoco.” Aunque también se relaciona con el río Orinoco que fluye por Venezuela evidentemente.

Su creación se dio a partir de la interpretación de una pieza por Enya, la cual fue tomada por Nicky Ryan, admirador de Phil Spector, quien reprodujo los acordes en cinco octavas diferentes.

Lo antiguo y lo moderno convergen en el cuerpo de la pieza cuando los sonidos se superponen y evanescen para ser interrumpidos —y al mismo tiempo, armonizados— por un estruendo que cae de golpe como el tiempo mismo en tanto la composición parece “brincar” y alargarse en los solos, metáforas de miembros y funciones autónomos que conforman este “ser vivo”.

Aquel que se disponga a “escuchar” y no a “oír” esta canción tan perjudicada por su fama, disfrutará de dicha esencia polifónica.


Caribbean Blue.

Curiosamente, en el decurso el celebérrimo tema anterior desmereció ante la pista número dos: “El azul del Caribe”, la cual acaso sea mi canción predilecta de esta cantautora.






Caribbean Blue sobrecoge a quien la escucha, al grado de experimentar la sensación de que navega realmente, gracias a los Άνεμοι, dioses griegos del viento que se materializan en la letra.

Las modulaciones de Enya —sucesión de ecos: fantasmas de voces— son olas hipnóticas que mecen el barco en que se viaja.

Mientras tanto, la melodía incesante —como si se tratara de reverberaciones del monocordio— acompaña a la palabra, “polifurcándose” y dando la impresión de que las notas “salpican” el rostro cual brisa.







De Paint the Sky with Stars, además de las dos referidas, disfruto mucho: Book of Days, “El Libro de (los) días”; Anywhere Is, “En algún lugar está”; la retumbante Only If..., “Sólo si...”; la melancólica Shepherd Moons, “Lunas pastoras”; la polifónica On My Way Home, “Sobre el camino de mi hogar” y la conmovedora The Memory of Trees, “La memoria de los árboles”.






Asimismo, me “saben” misteriosas como las pócimas druidas, The Celts, “Los celtas” y Boadicea, “Budica”, donde Enya le rinde homenaje a su estirpe céltica —en la última, a partir de la reina guerrera icena—, ensalzando la fortaleza que albergan las mujeres de su tierra natal.







Storms In Africa, “Tormentas en África”, donde las percusiones imitan e invocan al trueno —digo “donde” y no “en que” porque la canción es un “lugar”, no una “cosa”—, es uno de esos gustos que me permito ocasionalmente, y que quizá ya conocía, así como la desoladora Watermark —incluso antes de Orinoco Flow: el tiempo es confuso en este caso—, gracias a un compañero de la secundaria cuyo apodo era “El militar”, quien amablemente me grabó una cinta con música New Age —que también contenía piezas de Yanni, otro de mis referentes musicales—, y que infortunadamente perdí sin recordar cómo.


El estilo.

Realmente es impresionante lo que Enya logra: crear música —“convocar” sonidos e instrumentos inexistentes—, a partir de la tecnología del sintetizador Roland Juno-60 —¡tan cercano al clavicordio!—, el “muestreador” o sampler alemán Kurzweil, el piano y su tesitura de mezzosoprano.

La sucesión de voces que se registran en más de cien diferentes pistas o “capas de voz” que se sintetizan y sincronizan posteriormente, es lo que le otorga un estilo inconfundible a su propuesta musical.






A pesar de que la artista niega cualquier influencia en particular, reconoce su deuda con las tradiciones musicales irlandesas, eclésiasticas y clásica. Sin embargo, en algunas de sus creaciones —My My Time Flies, “Mi (mi) tiempo vuela”, se pueden identificar “felices coincidencias” con canciones como California Dreamin’ de The Mamas & the Papas y Your Mother Should Know de The Beatles.








A Day without Rain.






Posteriormente compré “Un día sin lluvia”, dado a conocer a finales de noviembre de 2000, marcando el regreso de Enya después de casi tres años de ausencia, y que se hizo acreedor del Grammy en la categoría de “Mejor Álbum New Age” de 2002 —ya había logrado el premio en 1993 y 1997 con Shepherd Moons y The Memory of Trees respectivamente—, aunque la cantante desapruebe esta clasificación, expresando que “al no poder definir su música, se le denomina así”.







Si bien la “canción insignia” es Only Time, “Sólo Tiempo”, debido a que fue empleada por los medios de comunicación estadounidenses después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, yo prefiero Wild Child, “Niño salvaje”, Flora’s Secret, “El secreto de Flora”, y One By One, “Uno por uno”, con su aire de “baile cortesano europeo”.






También me gustan A Day Without Rain, “Un día sin lluvia”; The First of Autumn, “El primero de otoño”, Fallen Embers, “Brasas (o ascuas) caídas”, Silver Inches, “Pulgadas de plata”, y Lazy Days, “Días relajados”. 


The Lord Of The Rings Soundtrack.






En 2002, Enya colaboró en la banda sonora original de “La comunidad del anillo” —la primera película de la trilogía cinematográfica de “El señor de los anillos”— con dos temas: Aníron, “Yo deseo” y May It Be, “Podría ser”. El primero de ellos fue grabado en los míticos estudios londinenses de Abbey Road; sin embargo, fue el segundo el que se granjeó elogios, nominaciones y premios.












Sólo para puntualizar, señalo que en dicha banda figura la pista catorce, intitulada Lothlórien, homónima de un tema que la artista grabara en su tercer álbum, Shepherd Moons (1991).







Dos álbumes más.





En 2007, la artista obtiene su cuarto Grammy con Amarantine (2005), título con que se alude a una flor mítica que nunca pierde su color.






En éste se advierten características particulares como la apreciación “más clara” de su voz, la inclusión de tres canciones en “loxian”, lengua “avanzada y futurista” construida por su letrista, Roma Ryan. También es la primera vez que no figura ningún tema en gaélico ni latín, pero sí uno en japonés, Sumiregusa, “Violeta salvaje”, inspirado en un haiku de Matsuo Bashō.






And Winter Came, “Y el invierno llegó”, se concibió como un proyecto navideño. Sin embargo, en el decurso se optó por dotarlo de una temática “invernal”, y se puso a la venta en noviembre de 2008.


The Very Best of Enya.






“Lo mejor de Enya” es el segundo álbum recopilatorio de la cantante. Salió a la venta en 2009. Yo lo adquirí en el 2012 en su “Edición Deluxe” que consta de un CD de 22 temas y un DVD con vídeos musicales y documentales.

En el librito que acompaña al álbum, Enya señala que “cuando la disquera Warner Music le pidió seleccionar canciones que eran particularmente queridas para ella, basó su elección en los recuerdos y las emociones evocados por dichas canciones”.

No obstante los sentidos motivos sobre éstas, yo no disfruto If I Could Be Where You Are, “Si pudiera estar donde estás”, Stars And Midnight Blue, “Estrellas y azul de medianoche”, Sumiregusa —“Violeta salvaje” en japonés, idioma en que es interpretada— y Trains And Winter Rains, “Trenes y lluvias invernales”.


Epílogo.






Las canciones que escuchamos a lo largo de nuestra vida —incluso las que no nos gustan— pasan a formar parte de nosotros, adquieren una condición referencial frecuentemente.

Lo importante no es cómo las conocimos sino lo que significan.

Como he relatado, a partir de un hecho fortuito —¿acaso no es así, cotidianamente, como conocemos a los seres que nos trascienden?—, me enteré de la existencia de una de las “acompañantes” que han determinado mi relación con la música, convirtiéndose en una confidente cuya paradójico modo de escucharme, es interpretando.

El “New Age” es menospreciado, pero al mismo tiempo explotado hasta el hartazgo, sobre todo por la mercadotecnia.

Además de utilizarse en la publicidad de diversos productos y servicios, cuántas veces no hemos identificado diversos temas como fondo musical de emisiones radiofónicas, o en las salas de espera de los consultorios o los Spas como “relajantes”.

Por ejemplo, la nominada al Óscar, May It Be, incluso forma parte de las listas de canciones de clases grupales de Fitness.

Asimismo, hay canciones como Trains And Winter Rains que contiene “todos” los elementos “estereo-típicos” de este género que puede resultar tedioso y monótono.

Personalmente, no me interesa que Enya sea la solista irlandesa de mayores ventas en el mundo —y la segunda artista después de U2—, ni que viva en un ostentoso castillo en Killiney. Mucho menos que sea una católica devota o que no ofrezca conciertos porque no los necesita para publicitar su música. Lo que me atañe es lo que su música, su voz... hacen aflorar en mí.

Para finalizar, únicamente me resta expresar que, ahora, después de años de familiarizarme con ella, siempre que escucho a Enya, sé, por su característico estilo, que es Enya.



Apéndice.

Adiemus: la canción de Enya que no es de Enya.

Mi conocimiento de esta canción se debe a otro comercial.

En esta ocasión, no fue de otra bebida alcohólica sino de la compañía aérea, Delta Air Lines.






Por tanto, el cielo, las nubes y los aviones son las primeras imágenes a que me remite cuando la escucho. Sin embargo, después surgen otras tantas, afortunadamente.






A decir verdad, siempre asumí que era de Enya. Sin embargo, a raíz de la investigación que implicó este “recuento”, descubrí que la canción es interpretada por Miriam Stockley, y pertenece al disco Adiemus: Songs of Sanctuary (1995), “Adiemus: Canciones de santuario”, del compositor galés, Karl Jenkins.

Fue utilizada en el comercial televisivo referido, y formó parte de la compilación de la serie de Música New Age, Pure Moods de 1997, que podría traducirse como “Pura música ambiental (o de fondo)”, donde compartió créditos con temas de la propia Enya, Jean Michel Jarre, Mike Oldfield, Ennio Morricone...




Adiemus —término que se escribe de forma similar, pero que se pronuncia de forma distinta a una palabra en latín que significa: “nos reuniremos cerca”— es el título de una saga de discos de Jenkins, en la que aparecen voces melódicas armonizadas con una orquesta.

Las canciones carecen de letra. Se recitan sílabas y palabras inventadas por el compositor, cuyo propósito es que la voz funcione como un instrumento musical:

Ariadiamus late ariadiamus da
ari a natus late adua

A-ra-va-re tu-e va-te
a-ra-va-re tu-e va-te
a-ra-va-re tu-e va-te la-te-a

Ariadiamus late ariadiamus da
ari a natus late adua

A-ra-va-re tu-e va-te
a-ra-va-re tu-e va-te
a-ra-va-re tu-e va-te la-te-a...

Adiemus más que una canción, es una promesa “épica de paz” —por contradictorios que parezcan ambos términos. Es el descubrimiento de la comunión entre los seres humanos, a partir de la lucha que se entabla entre los coros vigorosos que suenan lejanos, pero no sólo espacial sino, sobre todo, temporalmente, y la flauta conciliadora, donde la voz funge como mediadora entre ambos, aunque hacia el final se apague hasta extinguirse en la sinuosidad del oboe.